Desde chica siempre me encantaron los oficios como albañilería, carpintería, pintura, etc. Todas esas actividades que mientras iba creciendo aprendía mirando y preguntando a todos los maestros que llegaron por casa. Lamentablemente algunos fueron buenos y otros malos, estábamos hartos de la mala calidad en el trabajo, que no sean honrados, pulcros en su área de trabajo, de la impuntualidad, hartos
de que no te avisen cuando no van a venir, de que pidan adelantos y se esfumen, de la pésima comunicación, etc. Y ahí me dí cuenta que era un negocio que tenía todo el potencial y que, en las manos correctas, podía ser un éxito. No me equivoqué! Siendo mujer aprendí muchísimo, me compré poco a poco herramientas e involucré a amistades muy cercanas, gente en la que sí podía confiar y delegar responsabilidades. Nuestro equipo de trabajo es un pequeño grupo de familiares y amigos de super confianza con quienes estrechamos lazos tan fuertes que ya nos conocemos a la perfección. Esta forma de trabajar ayuda muchísimo porque uno conoce y desarrolla el trabajo sabiendo que el buen trabajo de uno depende del otro. Desarrollamos nuestro trabajo siempre con buen humor; que muchas veces cambia la perspectiva de nuestros clientes quienes están acostumbrados a otro tipo de maestros. Nuestros clientes no solo terminan agradecidos con el buen trabajo si no también contagiados con nuestra chispa original. Ese es nuestro secreto!!!