07/06/2024
MATEO EL NIÑO DE LA BANDERA
En el corazón de la exuberante selva peruana, en un pequeño poblado rodeado de majestuosos árboles y ríos cristalinos, vivía un niño llamado Mateo. Desde muy pequeño, Mateo se había sentido fascinado por los colores vivos y los misterios de la naturaleza, pero había algo que despertaba aún más su curiosidad: la bandera de su país.
Mateo no podía dejar de preguntarse sobre el origen de la bandera que ondeaba orgullosa en la plaza del pueblo. Sus colores, rojo y blanco, lo llenaban de intriga. Cada vez que la veía, sentía un orgullo inexplicable, pero no entendía del todo su significado. Un día, decidió que tenía que saber más. Se acercó a su abuelo, don Ricardo, un hombre sabio que siempre tenía una historia lista para compartir.
—Abuelo, ¿puedes contarme la historia de la bandera de Perú? —preguntó Mateo con ojos brillantes de curiosidad.
Don Ricardo sonrió y se acomodó en su vieja mecedora, invitando a Mateo a sentarse a su lado.
—Claro, hijo. La historia de nuestra bandera es una que llena de orgullo a todos los peruanos. Todo comenzó hace muchos años, en tiempos de nuestra independencia...
Don Ricardo relató cómo, en 1820, el general José de San Martín llegó al Perú y proclamó la independencia del país. Explicó que San Martín había diseñado la bandera original, inspirándose en los colores de la escarapela nacional: rojo y blanco. El rojo representaba la sangre derramada por los héroes que lucharon por la libertad, mientras que el blanco simbolizaba la paz y la justicia que anhelaban para la nueva nación.
Mateo escuchaba embelesado mientras su abuelo continuaba, hablando del coraje de los libertadores y de cómo la bandera se había convertido en un símbolo de unidad y orgullo para todos los peruanos. Al final de la historia, don Ricardo mencionó una fecha muy especial.
—El 7 de junio celebramos el Día de la Bandera, en honor a la valentía del coronel Francisco Bolognesi y sus soldados durante la Batalla de Arica en 1880. Es un día para recordar su sacrificio y para mostrar nuestro amor y respeto por nuestra patria.
Desde aquel día, Mateo esperó con ansias la llegada del 7 de junio. Su corazón se llenaba de emoción al pensar en celebrar junto a sus amigos, sosteniendo la bandera que ahora entendía tan bien. Cuando por fin llegó el día, Mateo se despertó temprano, se puso sus sandalias y salió corriendo a buscar a sus amigos que con un par de papeles rojo y blanco hicieron muchas banderas y bajo el cielo azul de la selva, Mateo y sus amigos marcharon por las calles de su comunidad con orgullo, sus pequeñas manos aferradas a la bandera roja y blanca que ondeaba al viento. El pueblo entero observaba con orgullo a estos pequeños patriotas, mientras Mateo empezó a sentir una profunda conexión con su historia y su identidad como peruano.
Aquel Día de la Bandera no solo marcó una celebración patriótica, sino también el inicio de una tradición que Mateo llevaría en su corazón para siempre. Con cada año que pasaba, su amor por su país y su bandera se fortalecía, recordándole siempre las historias de valentía y esperanza que don Ricardo le había contado aquella tarde en una comunidad de la selva peruana.
(Stibeen W. Cabrera Fabian)
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