21/10/2026
Cuando hablamos de la sensación de un asiento, no todo se reduce a “duro” o “blando”.
La densidad influye en cómo el acolchado recibe el peso, cuánto apoyo ofrece y cómo recupera su forma después del uso. Pero no trabaja sola: también intervienen la suspensión, el grosor de las capas y la propia construcción del asiento.
Por eso, dos sofás con una sensación inicial parecida pueden comportarse de forma muy distinta con el paso del tiempo.
La clave está en el equilibrio entre acogida, soporte y recuperación.