31/10/2024
A NUESTROS CLIENTES
Hoy, 31 de octubre de 2024, a escasos días de mi jubilación, he de agradecer a todos nuestros clientes la fidelidad con la que nos han acompañado durante tantos años. Muchos de ellos incluso durante los cuarenta años que justo se cumplen en estas fechas.
Sé que muchos también ignoran o saben muy poco sobre mí.
Acostumbran a llamarme "Regaña". Es el apellido de mi suegro, ya que este negocio lo heredó mi mujer de su padre, y siempre se conoció con el nombre de "Muebles Regaña".
En el momento en que se produjo el cambio de titularidad, le añadimos el "García" con la intención de que llevase los apellidos de nuestros hijos y, ¡caprichos del destino!, ninguno de ellos continuará con la tradición familiar. Claro que, si quieren que les diga la verdad, es algo que muy lejos de incomodarme, más bien me produce una sensación de alivio, ya que la lógica me lleva a pensar que han elegido lo más prudente, sobre todo teniendo en cuenta cómo ha evolucionado la vida en estos cuarenta años.
Todos, más o menos, sabemos que lo que antes se conocía como "tiendas de barrio", y que abarcaba a todos los pequeños comercios de cada barrio de una ciudad o a los de cada pueblo, han ido siendo absorbidas por las grandes superficies, llámense hipermercados o centros comerciales. Y si a lo anterior añadimos las compras online, ¡apaga y vámonos!.
En fin, como les decía, añadimos el "García" al "Regaña", aunque todo el pueblo, al referirse a este local, le ha seguido llamando "la tienda de Regaña".
Me llamo Luís García Fernández y nací en Huelva en mayo de 1957. De padres trianeros, viví en la ciudad onubense hasta cumplir los 13 años, cuando la familia emigró a Madrid. Allí pasé mi juventud y cursé mis estudios, y en 1984 llegué a Villanueva del Fresno. Desde entonces, y hasta el día de hoy, he ejercido como autónomo en la tienda que ya todos conocen.
Ahora ya me quedan pocos, muy pocos días, pues el próximo 9 de noviembre, a las 14 horas, cerraremos nuestras puertas definitivamente.
¿Qué puedo decir de toda esta singladura?
Lo primero es reconocer nuestros errores que, sin duda, han sido muchos, como no podría ser de otra manera si nos consideramos humanos, y además honestos. Errores comerciales, errores de contratación, errores de servicio a los clientes. Ciertamente los ha habido, pero igualmente tengo que decir en nuestro favor que siempre hemos creído que el valor más importante del que se puede sentir orgulloso un comerciante es el de la atención y el trato personal hacia el público, y les puedo asegurar que durante los cuarenta años en los que hemos ejercido esta profesión, mi mujer y yo, nos hemos dedicado a ello con el mayor empeño del que hemos sido capaces. En ese aspecto estamos tranquilos, aunque vaya por delante nuestras sinceras disculpas para todas aquellas personas que se hayan sentido ofendidas o decepcionadas en algún momento.
Dicho lo anterior, si que es verdad que nosotros nos hemos visto defraudados por ciertas personas que no supieron o no quisieron correspondernos. Clientes morosos que nunca liquidaron las cuentas que nos adeudaban.
Esto es así por regla general en cualquier lugar del mundo y, aunque siempre podrá existir la excepción, es esa misma excepción la que confirma la regla.
En todos los negocios existe una lista de morosos, unas más largas y otras más cortas. Claro que en nuestro caso, francamente debo considerar que este pueblo, al contrario de lo que algunos piensan, no es un pueblo de "tramposos", que es el nombre que se le suele dar aquí a quienes no pagan sus deudas. Nada más lejos de la realidad, porque la experiencia que hemos vivido nos indica que el 99% de nuestros clientes han sido extraordinariamente leales y cumplidores.
Este es un buen pueblo, sin duda. No voy a afirmar que sea el pueblo ideal porque el pueblo ideal no existe, pero es un buen pueblo, en todos los aspectos y lo mires por donde lo mires. Y, aunque el futuro es imprevisible, el poco o mucho que me quede, espero vivirlo y disfrutarlo en Villanueva del Fresno.
La relación que nos ha unido a una gran mayoría de nuestros clientes ha constituido para nuestras vidas una experiencia muy enriquecedora, pues en muchas ocasiones hemos traspasado el vínculo meramente comercial. Hemos compartido inquietudes, emociones, problemas y satisfacciones. Y hemos descubierto a un tanto por ciento muy elevado de personas sinceras, agradables y cariñosas, eso que normalmente denominamos "buena gente". Ha sido un verdadero placer el haber tratado con todas ellas: con la gente joven porque nos han ayudado a comprender mejor este mundo que cambia constantemente; con la gente de nuestra generación porque con ellos nos hemos sentido muy identificados, ya que hemos vivido los mismos tiempos y hemos sorteado, con mayor o menor éxito, los mismos obstáculos; y con la gente mayor, porque nos han aportado mucha sabiduría, y no me refiero a la que se aprende en la universidad, sino a la sabiduría que te da las arrugas, esa que no se acompaña de título ni diploma.
Doy las gracias, por tanto, a todos ellos, nuestros fieles clientes. También a los que no lo fueron y, por supuesto, a los pocos morosos que tuvimos que sufrir, porque todos ellos, de una u otra manera, nos ayudaron a mejorar día tras día.
HASTA SIEMPRE