11/11/2024
No sé ni cómo empezar este post, jamás pensé que me vería en una de estas. Han pasado doce días ya desde la catástrofe y creo que una parte de mí sigue en shock. Aprovecho esta tarde de domingo para descansar de tanto barro y escribir estas lineas.
Como muchos sabéis soy valenciano, más concretamente de Chiva, un pueblo precioso de unos 15.000 habitantes al oeste de Valencia y que tristemente se ha hecho famoso estos días por el barranco que lo atraviesa, el barranco de Chiva, también conocido como “barranco del Gallo” y unos kilómetros más adelante como “Rambla del Poyo”.
Chiva fue arrasada el pasado martes 29 de Octubre por la fatídica Dana, que también asoló muchos de nuestros pueblos vecinos de la Hoya de Buñol, Ribera Alta, Utiel-Requena y l’Horta Sud llevándose por delante la vida de cientos de personas y todo lo que estaba a su paso. Mis condolencias a todos aquellos que han perdido a algún ser querido, de corazón.
En lo personal, nadie de mi familia o amigos más cercanos ha desaparecido y doy gracias por ello, los daños materiales en casas, coches o negocios se pueden reponer y sea como sea, con mucho esfuerzo, con mucha ayuda (y dinero) saldremos adelante.
Sin embargo no puedo evadirme del daño que ha causado esta tragedia en algo que forma parte de mi, de mis recuerdos, de mi memoria y de mi paisaje cotidiano. San Isidro, la calle de mis padres y abuelos, la calle de mis primos, la que me ha visto crecer y en la que tanto he jugado con otros vecinos y amigos, ha resultado ser una de las más dañadas. El paisaje ha cambiado para siempre porque el agua la ha devorado, literalmente, ya nunca será igual.
Espero que mi calle -como todas esas calles que hoy siguen en ruinas- algún dia recupere su esplendor, su belleza, sus árboles, su vida. Y espero que se haga bien, que todo se piense bien, que no se hagan chapuzas, que los políticos se asesoren por expertos y no por amiguetes o familiares y que nadie, nadie, se aproveche del desastre para llenarse los bolsillos, eso espero. Veremos.