22/07/2026
Una de las cosas que más me sorprendió cuando dejé el banco y empecé la aventura de Candini fue descubrir que la gente, las clientas —porque básicamente entraban mujeres—, llegaban con una alegría que yo nunca había visto en el banco.
Eso me sorprendió entonces y, veintidós años después, me sigue sorprendiendo.
Pero, sobre todo, lo que más me gusta es ver cómo disfrutan de su proyecto; cómo disfrutan teniendo una casa personalizada y sabiendo dar una segunda vida a muebles por los que, por el motivo que sea, sienten un cariño especial.
Muebles que pasan del siglo XX a las decoraciones del siglo XXI. Muebles que pasan de la casa de los abuelos o de los padres a su propia casa, que hacen suyos y que empiezan una nueva etapa con ellas. Y eso es realmente bonito.
En realidad, ninguno de esos muebles podrán encontrarlo ni en la mejor tienda de muebles de Barcelona ni en la mejor tienda del mundo.
Y eso da muchísima satisfacción, da sentido a tu trabajo y hace que la ilusión de las clientas se te contagie. Hace que tengas ganas de crear, de seguir trabajando y de levantarte cada día con ilusión para ir al taller.
Eso es fantástico.