15/03/2016
"La pereza avanza tan lento que la pobreza rápidamente la alcanza", eso lo dijo Benjamín Franklin, quien a los doce años ya trabajaba como aprendiz en una imprenta.
Señores, el dinero ama la velocidad. Le gusta multiplicarse.
El éxito ama la velocidad. Al éxito le gusta ir a velocidad extrema.
Las oportunidades aman la velocidad. Usted puede pasar años esperando una oportunidad, pero no al revés: las oportunidades las toma usted o las toma otro.
Decía El Hombre más Rico de Babilonia que “La oportunidad es una diosa arrogante que no pierde el tiempo con los que no están preparados.”
Observe usted el comportamiento de la gente que menos tiene y encontrará que se mueven con lentitud. No tienen urgencia de ganar, sino ganas de esperar. Ellos esperan que algún día las oportunidades se presenten…
Si los ricos se mueven en nivel cinco, los pobres lo hacen en nivel uno. Y es que en la mayoría de casos, los que menos tienen son “quedados”, “lentos”, creen que el mundo marcha a su ritmo. Mi abuelo decía que los que son mentalmente pobres “son pesados para la acción.”
Mientras el rico quiere las cosas para ayer, el pobre las quiere para mañana.
Al éxito le encantan las personas resueltas, rápidas y efectivas. Si usted quiere dinero, tiene que tomar acción, acción masiva y pronta: HOY, no mañana.
Lo que tenga que hacer hoy, hágalo hoy.