30/08/2024
El camello y la aguja
-Hola chicos, ¿en qué andan?
Ya llevábamos más de media hora de viaje, y no les había escuchado una palabra.
Martina (13) y Agustín (10) estaban en el asiento trasero, muy concentrados en sus telefonitos.
-Es que estamos jugando en red, Abuelo. Respondió un minuto después Agustín.
-Les propongo otro juego en red, se llama con-ver-sar y lo podemos jugar de a tres.
-Bueno, bostezaron al unísono.
-Además, falta más de una hora para llegar a Chascomús y si no hablamos, el viaje se pone aburrido.
-Díganme, ¿conocen el relato bíblico del camello y la aguja?
-No, abuelo
-Fue más o menos así: una vez Jesús se cruzó con un rico y joven mercader, que llevaba en sus mulas muchas riquezas. El hombre estaba preocupado por la salvación de su alma. Le dijo a Jesús “soy buena persona, cumplo con la ley, trato de proceder con el bien”.
-“Antes pasa un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el Cielo”, le respondió Jesús.
Se quedaron los dos pensativos.
-¿Y cómo pasaría un camello por el agujero de una aguja?- dijo Martina.
-No sé, piensen ustedes. ¿Qué se les ocurre?
-Podemos hacer un licuado de camello, bien licuado, cargarlo en una jeringa y pasar la aguja de la inyección por dentro del agujero de la otra…- Propuso Agustín.
-Luego le agregamos hielo, jugo de naranja, azúcar y hacemos un rico trago de camello licuado
-¡Qué asco, Abu!
-Y digo yo ¿qué opinan del Cielo, del alma?
-El cielo no existe abuelo- Dijo Martina
-Es la percepción que tenemos durante el día por el paso de los rayos solares por una atmósfera límpida. Ya ves que por la noche desaparece y se ven las estrellas del espacio sideral.- Aportó de manera magistral Martina.
-Lo explicó el profe de física en la escuela, agregó.
-Me dejaste sin palabras, Mar.
-Y vos, Agustín, qué pensás.
-El licuado de camello me hizo acordar a los dinosaurios.
-¿Por?
-Los dinosaurios se convirtieron petróleo y gas natural.
-O sea, que si todos los perros van al cielo, los dinosaurios se fueron al subsuelo. (mi poco brillante aporte)
-Algo así.
-¿Y el alma?
-El alma no existe, respondió Martina
-En el cuerpo humano hay energía, como una electricidad. El cerebro envía y recibe señales de todo el organismo. Cuando esa energía, esa electricidad se apaga, la persona muere. Lo explicó la profe de biología.
-Para mí que las almas están flotando en el aire, y cuando llueve nos buscan, nos mojan para que nos acordemos de ellas. Afirmó, poético Agustín.
-¿Y los animales, tendrán alma? Pregunté, capcioso.
-Lobo, mi perro, seguro que sí. Me di cuenta por cómo me mira.- Admitió Martina
-¿Y ustedes le tienen miedo a las almas, que van y vienen cerca de uno, por arriba, al costado, por abajo?
-Qué hambre abu, estarán pero no te pueden hacer nada. –Aseveró Agustín
-Claro, si existen son inmateriales. – Aportó Martina.
Además, Abuelo, las almas existen porque nosotros nos acordamos de ellas.
-Miren chicos, estamos llegando a Chascomús.
-Abu: ¿en qué se diferencian un lago de una laguna?
-Bueno, mañana lo investigamos, ¿les parece bien?
-Está bien-respondieron al unísono- Está bueno este juego en red, ¿mañana hacemos otro Abu?
Sergio G. Tagliaferro