29/12/2025
Fue un año difícil.
No de esos que se cuentan con épica barata, sino de los que te obligan a crecer aunque no tengas ganas.
Crecí, emprendí, construí.
Entregué el corazón sin garantías… y sí, también me lo rompieron.
Aprendí que dar todo no siempre te vuelve invencible, a veces te deja desarmado.
Construí a 9.000 kilómetros de mi casa.
No una vez.
Más de 15 obras.
Lejos de lo cómodo, lejos de lo conocido, lejos de los aplausos fáciles.
Escuché quejas.
Escuché felicitaciones.
Y entendí que ninguna de las dos define quién soy…
Vi cosas brillar !
Pensé que era oro…
No lo era.
Era el oro de los tontos.
Ese que deslumbra rápido
y desaparece cuando te acercás demasiado.
Ahí aprendí a mirar distinto.
A elegir mejor dónde poner el tiempo, la energía y la lealtad.
Fui más bueno de lo que correspondía.
Confundí bondad con aguante.
Y cuando me di cuenta, ya había pagado el precio.
También fui más duro de lo necesario, porque crecer a veces te obliga a sacar una versión tuya que no es cómoda, pero es honesta.
Me transformé.
Me volví atleta de endurance.
No para competir con otros, sino para no romperme yo.
Hoy entreno para una carrera rodeado de un gran equipo, con disciplina, constancia y una cabeza que aprendió a no rendirse cuando quema.
Me animé incluso cuando dolió.
Aprendí a los golpes, sin atajos, sin manuales.
Me equivoqué.
Me levanté.
Y, contra todo pronóstico, me divertí mucho en el proceso.
Los buenos siguen a mi lado.
Eso es una gran victoria.
El 2026 no lo espero: lo estoy preparando.
Con menos ruido, menos promesas y más hechos.
Con objetivos claros, límites firmes y energía bien puesta.
Me llevo experiencia, criterio y cicatrices que ahora juegan a favor.
Lo que viene no es suerte.
Es consecuencia.
A los que pasaron por mi camino, gracias.
Por lo bueno, por lo incómodo y por lo que me hizo crecer.
Y a todos ustedes, les deseo un gran 2026!
Con salud, proyectos, movimiento y ganas.
¡Vamos 2026! ¡Vamos con todo!