16/09/2025
"La silla del abuelo"
Cuando trabajaba en el taller de tapicería que tuve en Monte Hermoso "El Arte del Buen Tirón"), un día entró una señora mayor con una silla vieja, desvencijada, con la cuerina rota, las patas cojas, y un respaldo que parecía haber sobrevivido a una guerra.
—No quiero que la hagas bonita —me dijo—. Solo quiero que siga contando su historia.
Esa frase me descolocó. La mayoría de los clientes quieren que sus muebles parezcan nuevos. Pero esta señora, que se llamaba Clara, me explicó:
—Era la silla de mi abuelo. Se sentaba ahí cada tarde a leerme cuentos de aventuras. Cuando él murió, la silla quedó vacía, pero cada vez que me siento en ella, siento que vuelve. ¿Puedes... solo reforzarla sin borrar sus huellas?
Así que trabajé en silencio, con todo el respeto que pude. No cambié la madera rayada, solo la reforcé con cola y tacos ocultos. La cuerina la remendé en vez de reemplazarla, dejando los desgastes visibles, pero con puntadas fuertes, como cicatrices que cuentan su historia. Y por debajo, oculto en el bastidor, le dejé un mensaje grabado: "Los objetos también guardan amor."
Cuando Clara volvió y la vio, se le llenaron los ojos de lágrimas. Me abrazó como si yo hubiera salvado algo más que una silla. Y por primera vez entendí que en este oficio, a veces no se trata solo de tapizar, sino de reparar la memoria.